
Hace mucho que no entro con novedades a mi blog. Hubo un cambio de consignas que me centrifugó pero, bueno, aquí estoy. Vuelvo, feliz de volver. No me fui a vivir al campo, sigo en contacto con José C., mi mentor, mi hermano mayor, que ha soportado mis peores dolores guiándome siempre franca y afectuosamente. Mi casa está en venta y también lo está, en cierto modo, el Solar del Aguador. No sé cómo pasaré esta verdadera crisis inmobiliaria que afecta a todos mis lugares de reposo. Es el año 2008, como tres años después. Repasé todos mis posts y no quiero borrar nada. Estoy allí, no hay duda.
Sigo haciendo radio, tuve una oportunidad cara de hacer colonia y no pude continuar. Estoy en am 770 y me va bastante bien al final del primer mes. Sigo adelante. Estoy vivo/a, mi búsqueda continúa. Los juicios terminaron y estoy saliendo de la "cárcel" que me impidió tantas cosas. Escrituré mi departamento de Lavalle, la herencia de mis padres, a nombre de Ruben Arnold y Sra. Fue injusto: ellos saben que se quedaron con algo que no debieron tomar, que se aprovecharon de una situación de debilidad mía, tras la muerte de mi padre. Muchos lo hicieron en esos cuatro o cinco primeros años. Hoy mi padre vuelve a influir en mis acciones y estoy más fuerte. Publico este hecho porque quiero reivindicar mi dolor por la pérdida de ese único bien que heredé. Hay gente para la cual lo más importante es el dinero y los bienes: ignoran el verdadero sentido de la vida. Hice todo lo posible para que lo aprendieran, no pude conseguirlo. La vida me premia con el afecto incondicional, que es mi verdadero capital.
Este año, en abril, murió el padre de Cristina, mi compañera. Con todas las cartas, nada pudimos hacer para evitarlo. Mucho sufrimiento, mucha frustración. Mi amigo Quique, de toda la vida,me ayudó a pasar ese momento tan duro, acercándome todo lo que estaba a su alcance para que Javier, mi amigo también, recibiera la mejor atención. No pudo disfrutarla. Sufrió un ataque devastador que, en dos meses, acabó con él. Mi gran abrazo para Javier y la oración de mi corazón para la evolución de su espíritu.
Nuestra perra China murió también: el 12 de junio de este año y después de una temporada de gran sufrimiento. La acompañamos hasta el último momento, con Cristina, Leandro y Magdalena y la acariciamos hasta que no respiró más. Su médica, Norma Monachesi, vino a casa a ayudarnos a despedirla. Se lo agradeceremos siempre. Siempre tendremos a China en nuestros corazones y yo recordaré y valoraré siempre su alegría. Ella era alegre. Con alguna frecuencia veo a dos de sus hijos: Felix y Gala, dos bellezas.
Todo esto para justificar mi regreso que, espero, adquiera continuidad.